Nuestra ley, pese a ser pionera en Europa, a día de hoy se ha quedado anticuada y existen legislaciones mucho más avanzadas en casi todos los países de nuestro entorno. Eso sin mencionar actuaciones políticas vergonzosas que han impedido su aplicación en algunas comunidades autónomas, algo que desde el punto de vista sanitario nunca entenderé.
Por otro lado, las alusiones a que la sociedad no está preparada no tienen mucho sentido cuando en países como Francia o Italia ya no se puede fumar en ningún establecimiento público y esto no ha supuesto ningún cataclismo social. El tabaco, además de ser uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, lo es para infinidad de enfermedades de toda índole (respiratorias, digestivas, articulares, diferentes tipos de cáncer, etcétera) y por ello constituye el factor individual cuya prevención más disminuiría la mortalidad en los países desarrollados.
Nuestra salud agradecería a Trinidad Jiménez que diera un impulso a una reforma que, además de ahorrarnos ingentes gastos sanitarios en atención de enfermos, contribuiría a que todos viviéramos mejor y durante más tiempo.
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