domingo, 10 de octubre de 2010

El cuento de la Defensora del Pasajero

Érase una vez una defensora del pasajero de un aeropuerto que sólo defendía a los pasajeros fumadores. Tanto era así que era hasta capaz de violar las leyes de su reino con tal de hacer más felices a los pasajeros fumadores que a los no fumadores. Y no contenta con violar las leyes de su reino, la defensora del pasajero era capaz de mentir a los pasajeros no fumadores que exigían el cumplimiento de la ley. Hubo una época además en la que la defensora del pasajero tenía una misteriosa alianza con una Comunidad Autónoma que ejercía su poder con mucha más fuerza que el propio reino. La Comunidad Autónoma le daba permiso a la Defensora del Pasajero para incumplir la ley y proteger así aún más a los pasajeros fumadores. Nadie llegó nunca a descubrir cuáles eran los beneficios que la defensora del pasajero sacaba de todo ello y lo peor es que se cree que nunca se sabrá. Lo que sí sucedió es que el aeropuerto comenzó a oler a tabaco por todas sus esquinas. A tabaco y a pis, realmente, todo mezclado. La verdad es que antes ya olía a pis, pero lo del tabaco y el pis todo junto ya era algo verdaderamente insoportable. Y así pasaron algunos años, hasta que el aeropuerto se convirtió en uno de los aeropuertos más apestosos del mundo, eso sí, con zonas de fumadores.

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